18:35 del Médico a Ng
Tenés planes hoy?
19:47 De Ng al Médico
Tengo una "hot date". Pero te llamo si no marcha?
22:59 del Médico a Ng
Sí, sí, más vale, si para eso te llamo.
03:33 de Kytar a Ng
Arrived home after a 40 min. walk. That wasn't enough, taking a cold shower now. (Ay, lo mismo por aca, guacho 'e miercole)
03:43 de Ng al médico
¿Despierto? (una palabra apenas, pero tanto significado!)
03:44 del Médico a Ng
Sí, y vos qué onda?
03:50 de Ng al Médico
Tengo ganas de tomarme una cerveza con vos, pero lejos del chusmerío de la casa.
03:54 del Médico a Ng
A mí también me gustaría. ¿Dónde estás?
04:27 del Médico a Ng
Estoy abajo.
Este breve intercambio ha de iluminar varias cosas. Por un lado, la voluntad del hombre argentino de complacer, mismo si implica comerse media hora de caminata a mitad de la noche. Esto sí hay que reconocerle a ese hombre del cual tanto me quejé en otro post. Podrá no entenderme, podrá querer cambiarme, pero como dijo un grande, amigo de un gran amigo, un trago y un polvo no se le niegan a nadie. Por el otro, la fidelidad de Ng a sus objetivos. Se porta como una señorita bien y no entrega con la cita, mismo si implica tener que hacer un llamado al servicio de urgencia domiciliaria. Y por el tercer lado, por atrás me imagino, el valor del mensajito, tan manipuleado por un tal CJ amigo de Dinga, quien no conocía su valor o por lo menos lo desvalorizaba al enviar, a intervalos más o menos regulares, un "qué tal?" Así, no. "Despierta?", sí, pero "qué tal" ¿para qué?
En otro orden de cosas, entre esa noche de sábado y hoy, me armé de valor y toleré dos citas más, las dos muy placenteras, sin ceder a mis objetivos. Pero el guiso ya está casi listo, y el señor guisante (que se me haga la boca a un lado!) será esperado en toda mi entreguitud, posiblemente, el viernes. El viernes tiene que ser, porque el sábado recurre el profesor, venido de Londres donde está enseñando, a ver si el cielo parisino le regala una veinteañera como la noche lafayetteana. A mí me parece que no va a tener suerte, aunque tampoco pongo todas mis fichas en mi honor, tan dado a mancillarse.
martes 23 de junio de 2009
lunes 8 de junio de 2009
Contra los estereotipos
Si uno piensa en un francés, el saber común indica que son olorosos, grandes amantes, y un tanto rudos. De lo primero doy fe parcial - una fe confinada al subte. De lo segundo, no puedo aún hablar. Pero lo tercero es falso, verdaderamente falso. Doy tres ejemplos relevantes a este blog.
Primero, el piropo, que en Argentina lo asociaba con "te pongo una manzana en la boca y te chupo hasta que salga cidra" (e.g., desconocido, costanera 2004), "qué linda baldosa" (¿qué baldosa?, preguna una tontamente) "la que refleja tu chacon rosa" (e.g., Mariano platense, 1996), "cuánta carne!!!!" (Carol N, p.c.). Aquí, se vuelve, en cambio, un acto de respeto. He escuchado "vous etes charmante" (=usted es encantadora), "vous etes super-belle. Est-ce que vous avez un copin?" (=usted es super bella. ¿Tiene novio?"), y otros similares. Destaco de esta limitada muestra un patrón evidente: el uso del "usted" y la ausencia de referencia a la carne (o sus cortes).
Segundo, una vez conocido el desconocido, la invitación a salir. Adjunto como muestra un mensaje que llegó a mi celular hace poco (traducción literal): "Fue muy interesante hablar con vos ayer. Yo estaría muy feliz de que nosotros pudiéramos charlar de nuevo, en torno de un vaso (de vino? de leche? - Ng) o de una buena comida. Si estás disponible próximamente, déjamelo saber." Nótese el uso del subjuntivo, sobre todo si se es Dinga. ¡Qué distancia de "nos juntamos a tomar una birra, ¿dale?"!
Y finalmente, hasta para robarte (o violarte, vaya uno a saber). Me siguió un flaco el otro día cuando yo entraba a mi nueva casa a la madrugada. Me detuve a sacarme los tacos antes de enfrentar los tres-pisos-sin-ascensor. Esto fue afortunado, porque pude verlo hacer el intento de entrar. Empujé la puerta diciendo "no". No lo dije muy fuerte, ni de manera violenta; pero aun así el buen hombre se disculpa: "Desolé", masculla, y se va. Me sonreí en la oscuridad. Ésa es una verdadera muestra de gentileza. No se imponen ni para afanarte.
Primero, el piropo, que en Argentina lo asociaba con "te pongo una manzana en la boca y te chupo hasta que salga cidra" (e.g., desconocido, costanera 2004), "qué linda baldosa" (¿qué baldosa?, preguna una tontamente) "la que refleja tu chacon rosa" (e.g., Mariano platense, 1996), "cuánta carne!!!!" (Carol N, p.c.). Aquí, se vuelve, en cambio, un acto de respeto. He escuchado "vous etes charmante" (=usted es encantadora), "vous etes super-belle. Est-ce que vous avez un copin?" (=usted es super bella. ¿Tiene novio?"), y otros similares. Destaco de esta limitada muestra un patrón evidente: el uso del "usted" y la ausencia de referencia a la carne (o sus cortes).
Segundo, una vez conocido el desconocido, la invitación a salir. Adjunto como muestra un mensaje que llegó a mi celular hace poco (traducción literal): "Fue muy interesante hablar con vos ayer. Yo estaría muy feliz de que nosotros pudiéramos charlar de nuevo, en torno de un vaso (de vino? de leche? - Ng) o de una buena comida. Si estás disponible próximamente, déjamelo saber." Nótese el uso del subjuntivo, sobre todo si se es Dinga. ¡Qué distancia de "nos juntamos a tomar una birra, ¿dale?"!
Y finalmente, hasta para robarte (o violarte, vaya uno a saber). Me siguió un flaco el otro día cuando yo entraba a mi nueva casa a la madrugada. Me detuve a sacarme los tacos antes de enfrentar los tres-pisos-sin-ascensor. Esto fue afortunado, porque pude verlo hacer el intento de entrar. Empujé la puerta diciendo "no". No lo dije muy fuerte, ni de manera violenta; pero aun así el buen hombre se disculpa: "Desolé", masculla, y se va. Me sonreí en la oscuridad. Ésa es una verdadera muestra de gentileza. No se imponen ni para afanarte.
Qu-est-ce que c'est "dating"? (=¿qué carajo es "dating"?)
Me di cuenta, después de mucho hincharla a Dinga con lo mismo, de que yo nunca he "dated". Ese proceso por el cual uno sale a tomar un café, a comerse una hamburguesa (de soja), a dar un paseo un domingo, sin haber entregado (o tener la intención de entregar próximamente) me es por completo desconocido. ¿Cómo cambiar un patrón tan evidente de "cut to the chase"? Tengo dos auto-consejos, y estoy abierta a los suyos.
Ignorar el deseo de resolver ya. Me pasa bastante (este... siempre) que evalúo a los flacos en dos minutos. Si a los dos minutos me aburrí, y/o no me atraen, digo chauhastaluego. Por el contrario, si hay algo de atracción, digo querésconvertirteenmiparejaestableportiempoindeterminadoysinsentimientosdepormedio. Cualquiera de los dos caminos excluyen el lento conocerse que ocurre cuando uno comparte una peli o una buena comida. En parte, mi lado yanqui (que lo tengo, no les quepa duda - NOTA AL PIE 1) quiere cut to the chase: ¿para qué hacemos todo el preámbulo, si lo único que nos interesa es darnos? En parte es también mi lado ADD (=síndrome de falta de atención): me *a-bu-rre* hacer el racconto de mi vida, escuchar el tuyo, cuando siento que lo importante está en otro lado. Pienso que mi hermana C estaba enfilando para el mismo lado cuando preguntaba, antes de acceder a bailar (otra época!) "¿Conocés a Quinquela Martín?" Claro que, cuando ella me contó esto, yo no conocía a Quinquela Martín, así que habría reprobado el test, e igualmente podrían reprobarlo mis co-pretendientes. En todo caso, mi auto-consejo es: piano piano, entuavía no nos encamamo.
Demostrarse como una señorita bien. Así como la señorita del garche no debe quedarse a dormir (), la señorita bien no debe entregar a la primera cita. Por supuesto, después de tantas semanas de desierto, es difícil decirle que no al agua, así como sea turbia. Así que mi auto-consejo aquí es: tener uno mientras se prueba otros. Sólo puede uno degustar cuando ya no tiene hambre. NOTA AL PIE 2 (Me pregunto qué estará haciendo el médico argentino que me arrastraba el ala... NOTA AL PIE 3)
NOTA AL PIE 1: Me acordé, redepente, de un cumple de Caro A., ¿te acordás?, en el que yo hablaba de mi imposibilidad de cortar a lo bueno. Estaba allí un amigo (un poco turbio) de Caro, que estaba absolutamente shoqueado de que (a) yo dijera estas cosas, y (b) dado que las decía, no consiguiera un co-encamante. Se ve, entonces, que esto existía pre-USA (o post-uso, no sé), así que quizás no debería decirme que estoy yanquizada. ¿No?
NOTA AL PIE 2: El tema del pre-sex-dating, sin embargo, conecta con algo que la China y yo compartimos como precepto: dating muchas veces conduce a estimar al co-pretendiente, y encariñarse con él. A atribuirle sentimientos y necesidades. A considerar sus acciones bajo la luz de estos sentimientos, y, con ello, justificar, perdonar, y olvidar los propios sentimientos y necesidades. Ejemplo: salís con alguien por dos meses. Momento cúlmine, y el muchacho se desconcentra. Te dice "lo que pasa es que estoy nervioso". Bueno, perfecto, uno perdona y reincide, y reincide, y el problema no se soluciona. No recuerdo, en este momento, algún caso relatado o propio en el que el problema sí se solucione. Y una ya se enganchó y se lo banca... y se lo sigue bancando... ¿Duro? Para una sí, para el otro sigue blandengue.
NOTA AL PIE 3: Ahí le mandé un SMS. A ver si pica. Picó. Bueno, queda para la próxima.
Ignorar el deseo de resolver ya. Me pasa bastante (este... siempre) que evalúo a los flacos en dos minutos. Si a los dos minutos me aburrí, y/o no me atraen, digo chauhastaluego. Por el contrario, si hay algo de atracción, digo querésconvertirteenmiparejaestableportiempoindeterminadoysinsentimientosdepormedio. Cualquiera de los dos caminos excluyen el lento conocerse que ocurre cuando uno comparte una peli o una buena comida. En parte, mi lado yanqui (que lo tengo, no les quepa duda - NOTA AL PIE 1) quiere cut to the chase: ¿para qué hacemos todo el preámbulo, si lo único que nos interesa es darnos? En parte es también mi lado ADD (=síndrome de falta de atención): me *a-bu-rre* hacer el racconto de mi vida, escuchar el tuyo, cuando siento que lo importante está en otro lado. Pienso que mi hermana C estaba enfilando para el mismo lado cuando preguntaba, antes de acceder a bailar (otra época!) "¿Conocés a Quinquela Martín?" Claro que, cuando ella me contó esto, yo no conocía a Quinquela Martín, así que habría reprobado el test, e igualmente podrían reprobarlo mis co-pretendientes. En todo caso, mi auto-consejo es: piano piano, entuavía no nos encamamo.
Demostrarse como una señorita bien. Así como la señorita del garche no debe quedarse a dormir (), la señorita bien no debe entregar a la primera cita. Por supuesto, después de tantas semanas de desierto, es difícil decirle que no al agua, así como sea turbia. Así que mi auto-consejo aquí es: tener uno mientras se prueba otros. Sólo puede uno degustar cuando ya no tiene hambre. NOTA AL PIE 2 (Me pregunto qué estará haciendo el médico argentino que me arrastraba el ala... NOTA AL PIE 3)
NOTA AL PIE 1: Me acordé, redepente, de un cumple de Caro A., ¿te acordás?, en el que yo hablaba de mi imposibilidad de cortar a lo bueno. Estaba allí un amigo (un poco turbio) de Caro, que estaba absolutamente shoqueado de que (a) yo dijera estas cosas, y (b) dado que las decía, no consiguiera un co-encamante. Se ve, entonces, que esto existía pre-USA (o post-uso, no sé), así que quizás no debería decirme que estoy yanquizada. ¿No?
NOTA AL PIE 2: El tema del pre-sex-dating, sin embargo, conecta con algo que la China y yo compartimos como precepto: dating muchas veces conduce a estimar al co-pretendiente, y encariñarse con él. A atribuirle sentimientos y necesidades. A considerar sus acciones bajo la luz de estos sentimientos, y, con ello, justificar, perdonar, y olvidar los propios sentimientos y necesidades. Ejemplo: salís con alguien por dos meses. Momento cúlmine, y el muchacho se desconcentra. Te dice "lo que pasa es que estoy nervioso". Bueno, perfecto, uno perdona y reincide, y reincide, y el problema no se soluciona. No recuerdo, en este momento, algún caso relatado o propio en el que el problema sí se solucione. Y una ya se enganchó y se lo banca... y se lo sigue bancando... ¿Duro? Para una sí, para el otro sigue blandengue.
NOTA AL PIE 3: Ahí le mandé un SMS. A ver si pica. Picó. Bueno, queda para la próxima.
domingo 31 de mayo de 2009
La horma de mi zapato (o "De cómo me gustaría ser la horma del suyo")
Hace cosa de una semana me propuse encontrarme un novio. Hete aquí que, en su vez, me encuentro al super-amante (en un sentido nietzcheano, tal que su aparición está asociada con el inminente final de una era, o al menos la premonición de tal cambio).
O quizás ésa no sea la mejor manera de empezar este post, sino empezar por Clara. Clara (no su nombre verdadero - imagino) es una gata de mi nuevo barrio quien, como la Domi de España 64X, se la pasa maullando desde que me mudé. El problema de Clara es claro (de allí su nombre): necesita acción, y una acción más específica, no la que encuentra revolviendo basureros. Y ella maúlla y maúlla y sigue sola, un poco como yo, excepto que yo no maúllo.
Pero tal vez ése tampoco sea el comienzo adecuado y mejor empezar por la fiesta polyglot a la que fui para conocer hablantes de francés para practicar el idioma. De casualidad me puse a hablar con la única persona que era tan alta como yo, y por tanto hombre. Conocílo yo a Kytar (no su nombre real - imagino) y díle yo mi teléfono, así como se lo di a muchos otros potenciales cohablantes, pero el destino (o algo así) quiso que él fuera el único en picar. Nos encontramos, yo con pocas ganas de hacer el dating y muchas ganas de otra cosa, para charlar un día.
Pronto me di cuenta de que mi educación en la lengua francesa no era una prioridad - a menos que fuera una lengua de un francés en particular-, pero la confirmación verdadera de ésta y otras revelaciones vino esta noche, durante una cena Thai que tuve el tupé de ofrecer. En apenas un par de horas, me sentí (como no es inusual desde que me mudé a París) que estoy entre pares, o, mejor dicho, entre profesionales como creía yo ser hasta que los conocí, así que entre maestros. Así como en el lab siento que los estudiantes principiantes la tienen tanto más clara que yo, me di cuenta hoy - por primera vez en... siempre? - que yo no la tengo tan clara en la curtiembre desligada. Este tipo se las sabe todas, y las habla, con una naturalidad que te para los pelos. De todos lados. Y al mismo tiempo se queda escuchando o esperando, y conectamos, y discutimos, y hablamos de la importancia del sexo en nuestras respectivas vidas y de cuál es la razón detrás del tener hijos o tomar la decisión de vivir o morir. Y poco después, hasta me dijo, muy disculpándosemente, qué cosas se imaginaba hacerme.
Por supuesto, ahí aparecieron los enanitos verdes de las historias de Dinga y las mías también. ¿Puede ser? ¿Es for real tan sincero como a mí me gustarían que me fueran? ¡Qué inapropiado! ¿Qué pierdo? ¿Qué gano? ¡Qué ganas! Pero me contuve. ME CON TU VE LA QUE LO PA RIO. Me arrepiento porque no hice nada y él se fue a su casa (se comió 40 minutos de caminata, y después una ducha fría, en sus palabras), y yo me quedé como Clara, clamando, claramente, que la claven. Y también un poco con la impresión de que gané la seguridad de que, aun cuando me zarandean la zanahoria por delante, escucho a mi cabeza y no a mi. Lo dejamos ahí, por ahora.
O quizás ésa no sea la mejor manera de empezar este post, sino empezar por Clara. Clara (no su nombre verdadero - imagino) es una gata de mi nuevo barrio quien, como la Domi de España 64X, se la pasa maullando desde que me mudé. El problema de Clara es claro (de allí su nombre): necesita acción, y una acción más específica, no la que encuentra revolviendo basureros. Y ella maúlla y maúlla y sigue sola, un poco como yo, excepto que yo no maúllo.
Pero tal vez ése tampoco sea el comienzo adecuado y mejor empezar por la fiesta polyglot a la que fui para conocer hablantes de francés para practicar el idioma. De casualidad me puse a hablar con la única persona que era tan alta como yo, y por tanto hombre. Conocílo yo a Kytar (no su nombre real - imagino) y díle yo mi teléfono, así como se lo di a muchos otros potenciales cohablantes, pero el destino (o algo así) quiso que él fuera el único en picar. Nos encontramos, yo con pocas ganas de hacer el dating y muchas ganas de otra cosa, para charlar un día.
Pronto me di cuenta de que mi educación en la lengua francesa no era una prioridad - a menos que fuera una lengua de un francés en particular-, pero la confirmación verdadera de ésta y otras revelaciones vino esta noche, durante una cena Thai que tuve el tupé de ofrecer. En apenas un par de horas, me sentí (como no es inusual desde que me mudé a París) que estoy entre pares, o, mejor dicho, entre profesionales como creía yo ser hasta que los conocí, así que entre maestros. Así como en el lab siento que los estudiantes principiantes la tienen tanto más clara que yo, me di cuenta hoy - por primera vez en... siempre? - que yo no la tengo tan clara en la curtiembre desligada. Este tipo se las sabe todas, y las habla, con una naturalidad que te para los pelos. De todos lados. Y al mismo tiempo se queda escuchando o esperando, y conectamos, y discutimos, y hablamos de la importancia del sexo en nuestras respectivas vidas y de cuál es la razón detrás del tener hijos o tomar la decisión de vivir o morir. Y poco después, hasta me dijo, muy disculpándosemente, qué cosas se imaginaba hacerme.
Por supuesto, ahí aparecieron los enanitos verdes de las historias de Dinga y las mías también. ¿Puede ser? ¿Es for real tan sincero como a mí me gustarían que me fueran? ¡Qué inapropiado! ¿Qué pierdo? ¿Qué gano? ¡Qué ganas! Pero me contuve. ME CON TU VE LA QUE LO PA RIO. Me arrepiento porque no hice nada y él se fue a su casa (se comió 40 minutos de caminata, y después una ducha fría, en sus palabras), y yo me quedé como Clara, clamando, claramente, que la claven. Y también un poco con la impresión de que gané la seguridad de que, aun cuando me zarandean la zanahoria por delante, escucho a mi cabeza y no a mi. Lo dejamos ahí, por ahora.
domingo 24 de mayo de 2009
Me cago en el hombre argentino
Llegada a la casa argentina en paris. Muchas sentimientos, sobre todo miedo del inminente encuentro con esa sensacion de agresividad pasiva que siento como denominador comun de los desconocidos en mi patria. Y sin embargo, todos parecían tan normales, así, como seres humanos, no argentinos. Hasta que salgo con ellos a tomar una cerveza.
STOP. No seas mentirosa, que había señales antes, tan obvias. Como las miradas furtivas y no tanto hacia abajo del cuello, y los suspirados piropos de "para lo que quieras..." Pero la contundente prueba de que no puedo, no debo bajo castigo contra mi sanidad, hablar con hombres argentinos (aquí van muchas condiciones: {que no pertenezcan a mi familia | que no sean mis amigos | que sean abogados o ingenieros | que tengan un título universitario | etc. etc.}) vino en dos ocasiones sociales: el aniversario de la casa, y una salida a tomar una cerveza con la gente de mi piso.
Episodio número uno: Morocha... yo te quiero decir... tantas cosas... porque escucharte... me recuerda a mí... Vos vas... buscando afuera... pero las certezas no están afuera... están acá (se señala el pecho, con el mismo gesto que mi mamá haciendo "en el cielo las estrellas, en el campo las espigas, y en el centro de mi pecho (gesto) la república argentina").
Episodio número dos: Foto! Foto!, dice la quería coloráa, y entre las dos se mete uno, y después otro, para sacarse fotos con las hermanas. Vamos. Vaaaaamos.
Episodio número tres: Porque, ¿vos sabés cuántos días al mes a las minas les dan ganas de cojer? ¡Dos! (Flaco, qué burro que te han metido tus novias pasadas...)
Episodio número cuatro: Y después viví en California. No, Londres vino después, una ciudad un poco aburrida me pareció. Y después me fui al Líbano. ¡La joda está buenísima! Cuando llegamos al aeropuerto, a las dos de la mañana, enfilamos para un boliche. Y claro, todos te querían comprar un trago, porque los argentinos son dioses allá. Después hice un viaje por el desierto. (A lo que un incauto le pregunta, ¿cómo es el desierto?) ¡Está bárbaro! (¿En serio me decís?)
Episodio número enésimo: A todas las mujeres les vienen ganas de tener hijos. ¿Cuántos años tenés? Claro, esperá cuatro años, y ya te veo con un bepi. (La que te remil parió. ¿Qué más me vas a decir que tengo que sentir?) Repita este episodio tantas veces, con distintos interlocutores masculinos, como sea necesario para lograr un malestar estomacal parecido a la náusea mañanera.
STOP. No seas mentirosa, que había señales antes, tan obvias. Como las miradas furtivas y no tanto hacia abajo del cuello, y los suspirados piropos de "para lo que quieras..." Pero la contundente prueba de que no puedo, no debo bajo castigo contra mi sanidad, hablar con hombres argentinos (aquí van muchas condiciones: {que no pertenezcan a mi familia | que no sean mis amigos | que sean abogados o ingenieros | que tengan un título universitario | etc. etc.}) vino en dos ocasiones sociales: el aniversario de la casa, y una salida a tomar una cerveza con la gente de mi piso.
Episodio número uno: Morocha... yo te quiero decir... tantas cosas... porque escucharte... me recuerda a mí... Vos vas... buscando afuera... pero las certezas no están afuera... están acá (se señala el pecho, con el mismo gesto que mi mamá haciendo "en el cielo las estrellas, en el campo las espigas, y en el centro de mi pecho (gesto) la república argentina").
Episodio número dos: Foto! Foto!, dice la quería coloráa, y entre las dos se mete uno, y después otro, para sacarse fotos con las hermanas. Vamos. Vaaaaamos.
Episodio número tres: Porque, ¿vos sabés cuántos días al mes a las minas les dan ganas de cojer? ¡Dos! (Flaco, qué burro que te han metido tus novias pasadas...)
Episodio número cuatro: Y después viví en California. No, Londres vino después, una ciudad un poco aburrida me pareció. Y después me fui al Líbano. ¡La joda está buenísima! Cuando llegamos al aeropuerto, a las dos de la mañana, enfilamos para un boliche. Y claro, todos te querían comprar un trago, porque los argentinos son dioses allá. Después hice un viaje por el desierto. (A lo que un incauto le pregunta, ¿cómo es el desierto?) ¡Está bárbaro! (¿En serio me decís?)
Episodio número enésimo: A todas las mujeres les vienen ganas de tener hijos. ¿Cuántos años tenés? Claro, esperá cuatro años, y ya te veo con un bepi. (La que te remil parió. ¿Qué más me vas a decir que tengo que sentir?) Repita este episodio tantas veces, con distintos interlocutores masculinos, como sea necesario para lograr un malestar estomacal parecido a la náusea mañanera.
De por qué uno debe elegir un depto con ascensor
Qué bombón de chocolate puro, pensé a la primera que lo veo. Te parto como un queso, pensé a la segunda. Y a la tercera, pero vos a mí, jadiendo después de subir la escalera con una valija de 40 kilos, no me vas a querer como muchacha cama afuera, ¿no? Mirá que no te cobro nada...
Esto sí es administración por objetivos
Hagan lo que hagan, nunca, nunca, charlen de manera extensa y más o menos personal con un posible futuro tutor. ¿Por qué, se preguntan? Porque quizás, un día, sea realmente tu tutor, una mezcla de padre intelectual y jefe, y te haga invitaciones verdaderamente fronterizas. ¿Que qué quiero decir con fronterizas? Y... un brunch el domingo.... una cena el sábado a la noche...
Ahora, quizás se pregunten (yo también lo he hecho), ¿está mal juntarse con el tutor para un brunch, una vez llegada? ¿Y también está mal aceptar una cena a solas, en un lugar medio romanticón? Y, finalmente, ¿es verdaderamente terrible ir como su cita (es más, ponerse el nametag de la "señora de Debidospiojos") a una cena de gala, con la excusa compartida de que se puede hacer networking con la crema de la crema intelectual?
Sí, sí, está muy mal, porque luego vienen los chistes de "por esto nuestro matrimonio no funcionó", así como los repetidos correos de "¿cuándo nos juntamos a tomar un vino y ver una peli?" y (cuatro días de silencio después) "¿nos juntamos el fin de semana próximo? Donde quieras, decí vos" (tan pero tan parecido al "para lo que quieras", ahora que lo pienso).
Claro, ahora que estamos bailadas, no queda otra que decir sí. Y ponerse en campaña para crearse un novio entre ahora y el fin de semana próximo, porque no hay mejor excusa para negar favores que haberlos subcontratado a otro. Ven, ahora, gracias a mi bendito trabajo (y falta total de cancha para manejar a los flacos) tengo fechas límites hasta en mi vida personal, pucha.
Ahora, quizás se pregunten (yo también lo he hecho), ¿está mal juntarse con el tutor para un brunch, una vez llegada? ¿Y también está mal aceptar una cena a solas, en un lugar medio romanticón? Y, finalmente, ¿es verdaderamente terrible ir como su cita (es más, ponerse el nametag de la "señora de Debidospiojos") a una cena de gala, con la excusa compartida de que se puede hacer networking con la crema de la crema intelectual?
Sí, sí, está muy mal, porque luego vienen los chistes de "por esto nuestro matrimonio no funcionó", así como los repetidos correos de "¿cuándo nos juntamos a tomar un vino y ver una peli?" y (cuatro días de silencio después) "¿nos juntamos el fin de semana próximo? Donde quieras, decí vos" (tan pero tan parecido al "para lo que quieras", ahora que lo pienso).
Claro, ahora que estamos bailadas, no queda otra que decir sí. Y ponerse en campaña para crearse un novio entre ahora y el fin de semana próximo, porque no hay mejor excusa para negar favores que haberlos subcontratado a otro. Ven, ahora, gracias a mi bendito trabajo (y falta total de cancha para manejar a los flacos) tengo fechas límites hasta en mi vida personal, pucha.
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