domingo, 1 de mayo de 2011

Cricri, el filósofo concentrado

Hace más o menos un año me mudaron a la Siberia del lab. En lugar de estar en el mismo edificio que los investigadores, doctorantes, y masterianos, comparto una grande oficina con otros post-doc eyectados por el sistema. El cambio fue bien recibido, porque hay más luz, aire, y calma, por una parte, y por la otra se respira la concentración de la incertidumbre post-doctoril que genera trabajólicos. Explícome.

Cuando uno es estudiante de maestría, sabe que va a hacer un doctorado después; si doctorante, nos espera la post-doc (¿Cierto, Zoe?); si investigadores en Francia, tenés un trabajo de por vida, y no hay miedo al futuro. Pero el post-doc es una raza en tensión. Acumulamos 22 años de estudios, con la esperanza de pasar al rango de profesor o investigador vitalicio. Sin embargo, en el mundo hay trabajo para sólo una proporción de entre nos. Vivimos con, como única certidumbre, que ahora que se juega todo: El año que viene nos espera sea un puesto fijo (en USA? UK? Dubai?), y todo está ganado; sea el retorno, cabeza gacha, a nuestros países de origen, donde nuestras madres nos acobijarán como oveja perdida, y nuestros padres indicarán que ellos ya lo habían dicho, qué es eso de una carrera en ciencias. Haber estudiado ingeniería o alguna otra cosa útil, que con el estado del mundo no estamos como para juegos.

Entre los que caminamos la milla verde, hay uno que porta la máscara de la incertidumbre en cada movimiento. Cricri es mi vecino de la izquierda, filósofo de profesión, como lo testamentan las pilas izquierda y derecha de libros y papers que acumulan círculos de café. Si todos tenemos cara de sleep-deprived, él se lleva el premio; sus ojos hundidos, cansados, apagados detrás de sus anteojos tintados de verde predicen su joroba más que sus veintinueve años. Para mí fue, desde el comienzo, una inspiración. Los otros 8 o 9 de la sala no vienen si el día está lindo. O si vienen, a veces hasta llegan con alegría. Deben ya tener un trabajo prometido, o planes de dedicarse a la pintura. Pero Cricri, como yo, sufre y trabaja largas horas. Tic tic tic tic hace sobre su compu todo el bendito día. A diferencia de mí, sin embargo, él nunca suspira de cansancio. No lo he visto con la cara de tujes que yo pongo cuando me llega aún otro paper rechazado. Él le da, le da, y le sigue dando.

A veces, cuando él no venía, yo miraba su pila de libros. Truth and memory. Cognition in the wild. Lying and deceit. Él me explicó que trabaja sobre el concepto de la verdad -- la descripción formal y su evolución en la raza humana. Pucha, seguro que yo no entendería nada de eso. Y, a pesar de la dificultad de su sujeto, y de las opciones de laburo (que son probablemente aún más pequeñas que las mías ), Cricri seguía concentrado, desde el momento en que entra con paso cansado, hasta que se va con la sonrisa triste del que se sabe condenado a muerte.

Héteme aquí un día que tengo un problema con la internés. Me inclino hacia la izquierda para preguntarle a Cricri si él tambien. Dudo, primero, porque tiene su cara de concentración, la misma que adivinaba yo antes, hacía él también en el baño. Pero fue demasiado tarde, el velo había caído. De reojo vi su pantalla. No había fórmulas, árboles evolucionistas, ni hileras y columnas de letras, sino una chica sacándose la ropa. Y aunque no la hubiera visto, los movimientos convulsionados y el rostro enrojecido de Cricri a los gritos revelaban que mi ídolo no tendrá pies de barro, pero su talón de Aquiles es que entretiene (sólo mentalmente, por fortuna) al dingaling en horario de trabajo.

De más está decir que me contestó que no tenía ninguna dificultad con internet en ese mismísimo momento. Mientras tanto, yo repasaba mentalmente sus libros y lo imaginaba cortando las páginas, como hacen para esconder cosas en la prisión, y poniendo fotos de chicas que se sacan la ropa. (S and M. Cognition in the wild and wet. Lying on dicks.) Le agradezco y vuelvo a mi trabajo. Doy un gran suspiro y me siento en mi derecho. Al menos yo dejo mi dingalingueo para el domingo al mediodía.

martes, 5 de abril de 2011

Ventajas y desventajas de ser una pareja pareja

+ El trabajolismo del novio no interfiere con el propio -- y uno hasta se puede poner al día con el blog
+ El otro escucha con atención mientras uno lee en voz alta un libro de introducción a la macroeconomía haciendo voces y acentos
+ Uno puede dejar los zapatos tirados EN EL MEDIO DEL CAMINO y que al otro lo parezca tierno
+ Estar de pésimas un día y poder compartir tres películas al hilo. O estar peor que de pésimas y poder mirar dos seguidas sola con mi helado, con él trabajando en la otra habitación para dejarte tranquila.

- Con tanto trabajolismo, el departamento se acerca a la casa al final de 100 años de soledad (Naturaleza para nada muerta)
- Los dos se olvidan de hacer sendas declaraciones de impuestos; el uno, la hace con dos meses de retraso (1000 € de multa); la otra continúa a vivir en el argentinismo (léase, los límites de la ley)
- En la librería:
yo: ¿Se puede pagar con cheque? Porque me olvidé la tarjeta.
Cajera: Sí, como no. Pieza de identidad por favor?
yo: Ah, no, no la traje. Espere que busco al novio.
(Diez minutos después)
él: Y estos libros también. Con tarjeta por favor.
(pone el código, la máquina dice: CODE FAUX)
él: Pero... (me mira)
yo: No es 2539?
él: No, que me confundís! Pruebo de nuevo.
(CODE FAUX)
él: Pero no puede ser! Me olvidé de mi código? Pruebo una vez más.
Cajera: Mire que si no es, le anulan la tarjeta y después la tiene que pedir de nuevo.
él: No, estoy seguro, tiene que ser esto...
(CODE FAUX)
él: Uy no tengo más tarjeta. ¿Pagás vos?

viernes, 1 de abril de 2011

¿Y ahora, quién podrá ayudarme?

Otro día el, encontróme con mi amiga Roima, una muchacha de orígines claros e intenciones, dicen sus candidantes, oscuras. Me contó una historia para poner los pelos de punta a las que, como yo, temen como la más enormísima catastrófe, el arribo de un bepi con los propios genes.

Venía yo de decirle que las pastillas eran para mí un grillete. Una muestra diaria de la atadura, mucho menos graciosa que el hecho de charlar de quién baja la basura yo abriendo una caja de tampones y él una de Ging Seng (u otra porquería equivalente). Señalé mi tobillo, y se ve que ella asoció tobillo, correr, no tener donde correr, y me contó la historia siguiente. Agárrense bien del sillón para leerla, que da miedo sobre todo a aquellos que, como yo, tienen una sheeplike quality por la cual, en el fondo, sienten que Dios castiga el sexo amatrimoniado.

Roima tiene una vida amorosa estelar, con cuadros y anécdotas que podrían llenar las mil y una, que digo, las millones y una noches (aunque el título no tenga punch). Entre ellas, está la del capitán. (Las malas lenguas decían que Roima salía con un marinero, pero eso era pura envidia.) Cuando digo capitán, quiero decir un excéntrico inteligente que se divertía haciendo paseos transatlánticos y se hacía pagar por ellos. Esta vez traía a Roima de polizona, y polizonando estaban una noche cuando sucede un accidente.

- Y ahora, ¿quién podrá socorrerme?, pensaba Roima.

Pero era inútil llamar al Chapulín colorado, principalmente porque con ese gorro que tiene y después de las jodas de Póntelo y Pónselo, las probabilidades eran que el Chapulín se iba a poner de lado del forro y espetarle "¡Pero mirá lo que le hacés hacer! ¡Quién se queda tieso en esas situaciones!"

Les digo más, mismo si él pudiera sentir piedad por la pareja forrorrompiente, el llamado era inútil, hallándose los tristes tórtolos en el medio del océano, tan lejos del Chapulín mejicano como de muchas farmacias. Y, para peor, era un domingo de madrugada. L@s lector@as (¿de dónde cuerno sacaste esta idea, Dinga? Es hincha escribir esas palabras así, ¡protesto!) malévolas me dirán, ¿y a qué viene el día de la semana, si igual está en el medio del océano? Cierto, cierto, yo no me di cuenta cuando me relató la espeluznante historia, pero contesto ahora que el objeto es agravar la situación. Dada la dificultad de base de encontrar una farmacia abierta intraocéanica, las probabilidades de encontrar una abiértica el doménico eran mínimas, ¿se dan cuenta? Un horror.

No ogztante, la historia tiene final feliz. Como habíalo ya yo dicho, el capitán excéntrico era también inteligente, habiendo equipado su barco con un doctor del mismo tamaño que el Chapulín, pero con una valija dos veces su altura, repleta de píldoras mágicas que ni el profesor Chapatín podría crear. Y de ese cofre, sacó el doctor el polvo que cura el polvo, y Roima sigue, hoy día, rompiendo corazones (y ocasionalmente forros) sin que aquella océanica ruptura le haya creado panza.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado no sin un Amoraleja: Antes de cada viaje interocéanico, no olviden de equiparse de protector solar, protector del sur, y protector contra la falla del protector del sur, todos los cuales se encuentran en su farmacia amiga.

miércoles, 30 de marzo de 2011

AJ, el cancherito

Debo aclarar, que AJ el cancherito, es Llorente. AJ es su verdadero nombre, o mejor dicho, sus verdaderas iniciales, el se presentó así y yo nunca supe el nombre. La China lo bautizó Llorente, haciendo una referencia casi exclusiva para l@s lector@s rosarinos, refiriéndose al tan mentado programa el show de AJ, conducido por la celebridad local Alberto J Llorente.
Llorente fue (si mal no recuerdo) la tercera cita que surgió de la tienda online. Luego de no mucho intercambio cibernético, él propuso encontrarnos para un café, y yo, acepté, sobre todo porque en sus fotos se lo veía muy buenmozo (chupate esa mandarina, el termino que te uso).
Tampoco me acuerdo muchos detalles previos al encuentro, pero cuando nos encontramos (un sábado a la tarde), confirmé el buenmozismo. Llorente era alto, esbelto, flaco, lindo de cara, lindo estilo para vestir, es decir, aspecto físico: ganaba.
Pero perdía con lo otro…
Llorente llegó, se sentó, no se sacó la campera, y durante toda la conversación (que más que conversación fue un interrogatorio) mantuvo una actitud así como de “estoy acá para entretenerte la tarde, te hago el favor de congraciarte con mi presencia”. Como decía, me hacia preguntas, y yo respondía, hasta que en determinado momento dijo: hay algo que quieras preguntarme. Y yo, que no había traído el cuestionario preparado, quedé medio balbuceando, ya que justo justito en ese momento, no se me venía nada a la cabeza. No era lentitud de mi parte, creo, por el contrario, que mientras Llorente hacía preguntas y yo respondía, mi interés iba decayendo y ya que la conversación no se daba como una conversación normal, sino más como una presentación de antecedentes y lectura de CV, yo no pude emular el formato que el había decidido que la charla tuviera.
Llorente me cayó mal, pero le di crédito porque era lindo. Muy cancherito, muy pagado de sí mismo, muy mirando su teléfono y texteando mientras hablaba conmigo.
Volvió a comunicarse 1 semana después, y nunca me quedó claro cual era el punto de la llamada…viste esas llamadas que se nota que tenían un objetivo, ya que no eran llamadas “para charlar” pero al final el objetivo no se manifiesta y a vos te queda patinando el embriague cuando colgas…de todos modos, Llorente mencionó el hecho de que nos viéramos de nuevo, y como no sugirió nada en particular, yo le dije que lo llamaba cuando fuera a la city. Eso hice al día siguiente (sábado), y le pregunte si tenia planes para el domingo, dijo que si, que el domingo era medio complicado, pero que me iba a avisar cuando terminara. No avisó. Nunca más supe nada. Hasta anoche, semanas después, que me contacto en el chat con un elocuente dialogo:
El: what’s up
Yo: not much, enjoying the last day of vacation. How are you?
El: where are you now?
Yo: in Florida
El: You need to move there (aludiendo a otra vez no hace mucho que yo había ido a Florida)
Yo: No, I am not moving here. Just coming often.
El: ☺
Yo: ☺
Y se desconectó minutos después, sin decir chau.
El típico caso de: aparezco para que no te olvides de mi existencia. No quiero nada, no me importas, no me interesa entablar un contacto verdadero, no me interesa si estas bien o mal, solo te digo dos huevadas para recordarte que no te olvides de mi. Actitud masculina que me tiene SOBERANAMENTE (como diría uno de tus hermanos, nGa) PODRIDA!

domingo, 20 de marzo de 2011

Escenas de la vida conyugal (parte I?)

Encuéntrome atrapada entre la memoria del yo cáustico y descreído, y la nGaga actual, decía yo la vez antepasada, a resultas de lo cual me salió un estilo sombrío y hueco la última vez. Pero ésta abandono toda precaución* al viento para contarles un poco de mi última semana, tan rosa, pero tan rosa, que el fondo de este post les va a parecer aguadito.

Del principio de la semana no me acuerdo, lo cual no es raro porque por lo general el lu-ma-mie se pasa con 14 horas de trabajo, y pérdida de memoria subsiguiente. El jueves a las 9:30 pm casi tiro la mac al carajo del susto que me pegué al escuchar unos golpes atrás mío. Me doy vuelta y lo veo con la cara contra el vidrio, la boca bien abierta, y los puños ya apretados contra sendos utensilios de cocina imaginarios. La similitud superficial con el tango Cafetín de BA me inclinó hacia la idea de "Es tarde, tengo haaaame;" agarré mis cosas al vuelo, y su bailecito entre simiesco y pajaril me confirmó mi sapiencia. Hace tiempo que queríamos hacer fried rice con el ananá que compramos maduro hacía 3 semanas, y la receta recomienda preparar el tradicional Thai pineapple fried rice con un arroz algo viejo, por lo menos un día. Como somos personas muy organizadas, el domingo a la noche ya lo habíamos hecho (y consecuentemente olvidado, a decir verdad). Lamentablemente, no fuimos tan precavidos con el resto de los ingredientes, así que nuestro fried rice tenía garbanzos en lugar de arvejas, cebolla comunarda en lugar de echalots, pistachos en lugar de cajú, ciruelas en lugar de pasas de uva, sopa de sobre en lugar de caldo. Pensamos en remplazar el azúcar por miel, como para mantener el espíritu, y fue por poco que lo convencí que una ensalada de avocado y queso rallado no era un equivalente apropiado para la ensalada de mango y coco rallado que proponían como acompañamiento.

La noche del viernes comienza parecido, excepto que esta vez fui yo a buscarlo a las 8 pm, porque no había parado para desayunar, almorzar, o tomar la leche, y además, por alguna razón, tenía un poco de hambre. Le dimos al diente en el resto indio de la vuelta, y caminamos bajo la lluvia unos veinticinco minutos, hasta que yo recordé que él siempre pasea un paraguas en su mochila. Aunque estábamos a 2 cuadras de nuestro destino insistí que lo sacara, y luego aproveché la cercanía y codependencia que nos imponía el paraguas para caminar un poco cruzado, lo cual nunca falla para ofuscarlo. Mientras esperábamos la banda, nos dimos cuenta de que, a casi dos años de haber adoptado a Spot (nuestro perro imaginario), teníamos ideas completamente distintas de cómo es: Para el parisino, Spot no llega a 20 cm de altura; para mí es un poco más grande que un Huski, y por lo tanto, era imposible que - como argüía el novio - se hubiera escondido entre la batería y el bajo. Estábamos de acuerdo, sin embargo, en que tiene tendencia a estar algo mugriento; y evidentemente es el mismo perro que los dos imaginamos, porque cuando tocaron "El blues del gato", y yo hice un paneo con el dedo hacia la salida, los dos supimos que Spot se había ofendido con los jazzeros. No lo vimos a la salida, sin embargo, lo cual no nos sorprendió. Nos montamos en la cola del metro, y jugamos carreras en cada parada (te bajás, y tratás de subirte al vagón más lejano posible antes de que el tren parta de nuevo). Sí, la gente nos mira cuando hacemos cosas así. Creo que cuando hay un solo loco uno se lo perdona. Cuando es una pareja con cara de académicos llama más la atención.

Ayer la mañana pasó linda. Entre las cosas que puedo contar sin sonrojarme, empezamos un capítulo nuevo del libro que estamos leyendo, así que el mediodía nos encontró todavía en la cama, discutiendo acerca de si los cambios en las instituciones alemanas despues de las invasiones de Napoleón eran un experimento natural limpio (como decía el autor) o no. A la tarde fuimos a trabajar a un café, cuestión de evitar ciertas tentaciones en el departamento, y además sentirse menos responsables por el estado general mugrístico del lugar. En el camino de vuelta paramos a tomar una cerveza, y comer unas tapas, y terminamos hablando de los subtipos de científicos (el empresario, el funcionario, el part-timer, y el converso) y sus características. Después volvimos a casa y, a pesar de ser las 9, decidimos darle al laburo un par de horas más, hasta que yo de nuevo quebré, hice pan (horrible) y una tarta (aceptable), y después lo hinché hasta que abandonó también. Vimos una peli japonesa deprimente y violenta, así que después lo obligué a ver mi parte preferida de Howl's moving castle (nótese el ruido que hace el perrito).

Hoy también la mayor parte fue trabajo (e ignorar la mugre, aunque de maneras distintas: en un momento vi el polvo que había en el pasillo, y lo barrí hacia el centro de la cocina, de manera tal de obligarnos, la próxima vez que entráramos, a hacer la hinchazona parte de la palita; cuando volví, la mugre ya no estaba ahí, sino en un rinconcito, donde él la había metido para no deber enfrentarla.) Pero rescato el almuerzo, afuera porque hacía lindo. Anoche soñé que nos casábamos, así que hoy empezamos a planear la boda. Al principio, pensamos hacerla en el Polo Norte, porque Spot quiere ir a visitar su novia, que vive en Groenlandia. Él sugirió que Noemí, una mujer miniatura rusa-ucraniana que conoció él en un aeropuerto, y que, luego de hacerse famosa por su creación de medias dispares de alta costura producidas en masa (de allí la conexión con E, quien por vagancia raramente combina las medias), diseña escafandras para la NASA, podría hacer un vestido que me mantenga calentita a pesar del clima. Parece que Ninnnis el finlandés vendió su submarino, así que tendríamos que arreglar otro medio de transporte. De cualquier forma, el catering lo va a hacer Abel Bellota, mi buen amigo argentino que viene de una familia muy metida en la agricultura (su abuelo plantaba papas, y su padre se casó con una batata, así que ahora Abel tiene acceso libre a toda suerte de vegetales muertos -- parece que en el mundo de las verduras, devenir sopa es un privilegio). Para la música pensamos en los enanos de Papá Noel, que se las arreglan para todos los estilos - jazz manouche, vals, cumbia - todo, claro es, excepto los jingles navideños (pobres, están super-traumados). Ahora el problema es, ¿cómo sacarse de encima al borracho de Papá Noel?? Le conté que algún incauto lo había invitado al casamiento de la hermana de Gladys (una elefanta a quien le encanta chismorrear y que nos llama cada vez que estamos cerca de un zapato, un lapiz, o cualquier otro objeto cuyo largo cubra la distancia entre la oreja y la boca) y que la había manoseado a la mamá de Gladys. Claro, no lo queremos invitar, pero tampoco podemos dejar que se enoje, porque si no después no vamos a tener regalos en Navidad. Y ahí se nos ocurrió una idea buenísima: Lo hacemos el 24 de diciembre, cuando los enanos están libres pero Papá Noel ocupado; en el Polo Sur, donde vamos a tener un día de 22 horas; y que igual está cómodo para la novia de Spot, porque toma la carretera interpolar por el centro de la tierra, y llega en dos patadas, sobre todo el 24, cuando no hay nada de tráfico. Qué bueno que ya tenemos todo resuelto.

* La verdad que me da un poco de vergüenza, bah, una vergüenza triple todo esto. Sobre la una mano, me doy cuenta de que estoy en mi salsa, que objetivamente esta relación anda bien, y que conozco poca gente con quien pueda coordinar en intereses tan bien como está representado en esta entrada. Seriously, ¿quién otro va a ser tan trabajólico, al mismo tiempo que puede pasar un almuerzo entero discutiendo un casamiento imaginario e inventando personajes conmigo, e incluso terminar la discusión con un abrazo fuerte y un "t'es fantastique, je t'adore"? Sobre la otra mano, sospecho que ésta es la "parte I". Está claro que la gráfica (tiempo en el eje x, bienestar conyugal en el y) tiene algunas variaciones, altos y bajos, con un promedio corriente que, en los más afortunados, sube en el primer año, se mantiene estable por un tiempo, y luego, más tarde o más temprano, se precipita a las profundidades del divorcio, del odio, del aburrimiento, del desinterés, o de la costumbre, hasta el punto que uno mira para atrás y no entiende cómo puede haber estado tan enganchado. Y ahora que me asomo desde este nuevo vagón a mis viejos mensajes, veo el cambio, me doy cuenta de mi propia incoherencia, mi auto-ceguera. Ustedes nunca podrían haberse dado cuenta, pero la misma persona que hoy firma esto y que hace 2 años se juraba curada de los hombres anotó en un comentario al segundo post ever published on dingalingliga (registered trademark) "cómo me voy a divertir en París con este hombre", este hombre siendo aquel en quien decía no tener ningún interés whatsoever hace 2.2 años y con el que ahora convive. Así que, sobre la tercera mano, con esta entrada me preparo a que llegue un día en que lea estas mismas palabras y piense, "pero qué pedazo de retardada, ¿cómo yo, yo mismita, pensé que uno podía ser feliz siendo de a dos?" o alguna otra cosa que, con la sabiduría del tiempo, haya podido ver en el ahora y que ahorita se me escapa. En definitiva, el punto número 2 (o b) de la entrada última de Dinga, acerca de las anteojeras enanísticas que nos impiden ver lo evidente.

jueves, 17 de marzo de 2011

todo todo todo se repite repite repite (La remake)

Años atrás ( y me siento vieja de solo decirlo) escribía una entrada que hablaba de cómo todo se repite, claro que, often times, lo que se repite es lo malo. Porque ya sabemos que yo, Dinga, tengo dos cosas en contra: 1) la manada de rinocerontes que meó mi destino, y 2) no prestar atención a los enanitos verdes que me avisan que estoy por meter la gamba.
Y lo que se repite, es una de las cosas que motivó la existencia de este blog, es decir: POR QUE CARAJO REAPARECEN LOS EXes?
Resulta que yo, muy campante, me fui a la ciudad a una (otra) cita. Esta cita venía bien, y tengan paciencia, ya hablaré de eso. Pero ahora quiero contarles justamente, que todo se repite. Habiendo finalizado la cita que duró 3 horas, sushi y buena conversación de por medio (digamos que ese es el preview de la película que les contaré luego), me subí al auto y me puse el cinturón y agarré el teléfono para llamar a mi papa que me estaba esperando. Agarro el teléfono decía, y ahora que tengo un teléfono cheto (no como el que tenia cuando era una estudiante pobre) este no me muestra la imagen del sobrecito de mensaje de texto, sino que me pone el nombre de la persona que me envió un texto. Ahhhh dirán ustedes…y que nombre apareció? El Futbolero J! Cumpliendo la infalible premisa de que, todos vuelven! Las putas, que si no vuelven, te mandan el recado. Este recado decía: Hola, te quería saludar. Espero que esté todo bien. Y entonces cuando consulté con los especialistas, como por ejemplo La China, ella dijo lo siguiente: no le importaba saber como estabas, no le importaba saludar, no quería volver con vos, solo mandaba el mensaje PA JODE! Que claro, la que había dicho semejante frase celebre había sido yo, años atrás, cuando escribía sobre este mismo tema.
No deja de sorprenderme (entre tantas otras cosas) que los hombres tengan tan POCA capacidad para algunas cosas (muchas quizás) y tanto olfato para otras. Es decir, no me escribió cuando la cita con Reno Rodolfo Limón, no me escribió cuando la cita con Llorente, dos citas que fueron desastrosas, me escribió en el memento exacto en el que culminaba una cita buena, en la que la había pasado bien, en la que dije…mira…capaz este pibe vale la pena eh. Luego, corroborando fechas, comprobé que hacia exactamente un mes desde el ultimo intercambio de textos que tuvimos, y exactamente dos meses desde la ultima vez que nos vimos. Entonces, será como dijo La China, que escribía para celebrar el mes de aniversario del abandono. Que noble!
Y ahora, se llamará a silencio hasta que algún día se le ocurra celebrar el aniversario del día en el que me echo flit porque yo sugería que no miráramos 10 horas de futbol por día. Y aun así, me voy a dormir contenta de saber que hay hombres, como el de la cita de hoy, que no están interesados en el futbol, ni en mirarlo, ni en acompañarlo con cerveza y papitas, como dijo El Futbolero J que le gustaba pasar sus domingos. Hay hombres que te entretienen con su charla y que cuando te levantas de la mesa, agarran tu campera y te la sostienen para que te la pongas. Toma mate! Ah, se estarán preguntando si respondí o no al mensaje del futbolero, sí, respondí: Hola, si, todo bien. Espero que esté todo bien con vos. Yo respondí como 2 horas después, pero el inmediatamente (raro, porque eran como la 1.30am y el normalmente está durmiendo a esa hora) me respondió: si, todo ok, gracias. (¿??) te lo dejo pensando… como me decía mi analista.

domingo, 13 de marzo de 2011

La cuestión es: cuándo llega el olvido, o qué es la consciencia?

Me llegó una invitación a un congreso en el cual pienso que Dinga, yo, y muchas otras -- pero sobre todo yo -- podríamos hacer una ponencia para volarle los zoquetes al más descreído. La invitación comenzaba así:

Three ideas are widely agreed upon: (1) that we are reasons responsive beings, (2) that the practice of giving and asking for reasons plays a prominent role in our everyday moral practices, and (3) that there exists some kind of trustworthy relation between our reasons and reason talk and our subsequent actions.
Developments in the Behavioral, Cognitive and Neurosciences (BCN sciences) indicate that much of what we do takes place at an automatic and unaware level, and that the reasons we provide to explain and/or justify ourselves should not be taken as reports of introspected internal states that precede our bodily movements. Also, more generally, it appears that what we do (and do not do) and for what reason is less transparent to ourselves then we might assume.

Dinga hace poco se preguntaba cuándo le iba a llegar el olvido, o porqué el estrujón de panza. Ella piensa, o al menos pensaba (cuando el estrujón venía por el lado de Monsieur Banana), que el estrujamiento quiere decir algo. Yo me ando la mayor parte de la vida con un apretoncito ahí en el ventrículo izquierdo, que se hace más o menos fuerte dependiendo de: (a) cuánto haya trabajado ese día; (b) cuándo fue la última vez que la llamé a mi mamá; (c) si vengo de comerme un kilo de dulceleche mirando tres capítulos de Gilmore Girls al hilo; y muchos otros factores. Hace mucho lo llamaba angustia de vida, desesperanza ante un mundo imperfecto y lleno de sufrimiento; los últimos años lo canalizo como culpa (por mi trabajo, mis ausencias, mi cuerpo); pero en el fondo sospecho que la descripción más apropiada está más cerca de los humores: nGa como una botella zarandeante llena de líquidos multicolores cuya proporción cambia con el tiempo. En otras palabras, sospecho que esas sensaciones no quieren decir mucho; o que son muy significativas, pero imposibles de decriptar (porque las razones que me doy son completamente posthoc); de una forma o la otra, son inútiles.

Pero qué nos pasa, Dinga, que tenemos un tono tan sombrío últimamente? Me voy a pasear a ver si se me va un poco la seriedad.